La vergüenza de pertenecer a un partido político
La política, en teoría, comprende las relaciones recíprocas entre las clases, los pueblos y estados. Las organizaciones y partidos políticos, sus objetivos, el contenido y los métodos de su actuación, las ideas, teorías e ideologías políticas que orientan su actividad. No del todo acertadamente incluye el tipo de régimen establecido, dictadura, parlamentarismo, presidencialismo, monarquía, etc.
Tanto los métodos de persuasión, de formación democrática del consenso, como la violencia y la guerra, se consideran erróneamente formas de política. Lo que es indudable es que la política afecta las relaciones económicas y culturales.
La organización política de la sociedad forma un entramado muy bien construido que abarca todo el sistema de organizaciones, entidades, instituciones estatales, jurídicas, políticas y sociales que regulan las relaciones entre las clases, los pueblos y estados. Pero no es lo mismo la política que los políticos, la primera podría ser noble y solidaria, los políticos son sin embargo de facto, normalmente ruines e insolidarios, aun cuando se vistan con máscara de tolerantes, participativos y preocupados por el bien social.
Supuestamente en ciertos países con gobiernos aparentemente democráticos la política y los gobiernos emanan del pueblo y es éste quien constituye, dirige y gobierna a través de los representantes democráticamente elegidos. En la practica los partidos políticos constituyen una neo aristocracia, el nuevo feudalismo nacido en el siglo XX.
El político profesional, el que está integrado en un partido, en general suele ser una persona que desconoce la realidad social, esa realidad social profunda, la del barrio, la de la familia humilde, la de quien se mantiene con unos humildes ingresos a cambio de un feroz trabajo. El político no conoce lo que significa austeridad, ignora lo que supone la lucha honesta, desconoce en definitiva el valor de un ideal de esos que tan airadamente preconizan.
Los políticos solo desean el poder, estar lo mejor situados. Para alcanzar estos fines son capaces de mentir, engañar, sobornar, comprar votos... Prometen, ofrecen, garantizan y aseguran, elaboran programas escritos en el envés de un comic... Pero una vez elegidos se olvidó lo prometido. Hay que devolver favores a quien les financió, hay que venderse al mejor postor; dicen que hay que negociar y concurrir, que hay que dialogar y deliberar... que hay que... no se cuantas cosas más. Yo digo que lo único que realmente hay es ver como pueden gobernar sin mirar al pueblo, pero sin que éste se enfade demasiado, por ejemplo se le puede dar al pueblo pan y circo -piensan algunos- así estará entretenido y no se preocupará por los problemas de estado inherentes a los políticos pensantes.
Otro caso extremadamente común, por desgracia, entre los políticos es la corrupción, el cohecho, la prevaricación, el viajar al límite de la ley en provecho propio o del propio partido. Recientemente tenemos abundancia de estos casos en España, Italia, Francia, Reino Unido, Noruega, Bélgica -sólo por citar algunos de nuestro entorno-. Se da por hecho que en países en vías de desarrollo, con bajos niveles de ingresos la corrupción es una constante; pues también hay que dar por hecho que en los países del norte la corrupción es una tarea diaria de sus dirigentes.
No es por tanto de extrañar que en aquellos países, en las elecciones legislativas, presidenciales, etc... los índices de abstención sean tan elevados. ¿Quién quiere votar para que le represente a un sinvergüenza? Que más da votar a Belcebú que a Satanás. En aquellos países con democracias endebles, con dictaduras, con gobiernos poco transparentes, suele haber altos índices de participación ciudadana, porque aun les queda la esperanza de que su voto sea válido y que con su voto derroquen al miserable que les sojuzga, que puedan cambiar la sociedad. En otros muchos países, entre ellos los del norte, la Unión europea, EE.UU... Sabemos que casi nada puede cambiar, que nuestros políticos son en una gran parte delincuentes muy bien trajeados y es por eso que no votamos. Sin embargo sería necesario para realizar una llamada de atención eficaz a la opinión pública y a nuestros gobernantes alcanzar abstenciones del 80%. Todavía es insuficiente, pongamos el caso de España, alcanzar abstenciones, por ejemplo en las legislativas, del 25% o en las referidas al parlamento europeo del 55%. Sí, el pueblo se ha cansado, aunque quizá no lo suficiente pues aun queda pan y circo para un buen rato. Pero recuerden señores y señoras dedicados a la política que el pueblo es muy lento, pero sabio y si ustedes no cambian de actitud y siguen practicando la corrupción, la egolatría, el hedonismo estratégico, despreciando al pueblo en definitiva, tienen los días contados, serán dos siglos, quizá cuatro pero su falaz sistema se desmoronará estrepitosamente y les arrastrará. Yo les deseo que esto suceda cuanto antes.
Jesús Gil Benítez